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¿FE O RAZON?

ORACION

Señor: Creo, pero aumenta mi fe. 
Líbrame de razonamientos estériles y enséñame a creer sin ver.  Haz que yo pueda aprender a través del estudio teológico todo lo que Tú deseas enseñarme, pero que no olvide, Señor, que es en la oración donde puedo conocerte mejor y aprender mucho más que en todo lo que pueda leer y estudiar.  Que recuerde que, siendo Tú, Señor, fuente de toda sabiduría y verdad, es en la unión contigo a través de la oración sincera y asidua, como llegaré a la verdad y obtendré la sabiduría.
 
¿Qué es la Fe? ¿Qué significa tener Fe?

La Fe es a la vez, gracia de Dios y respuesta humana.  Tener Fe significa creer -firmemente y sin dudar- todo lo que Dios nos ha revelado y lo que la Iglesia Católica -su Iglesia- nos propone como motivos de Fe. Nuestra inteligencia tiene la tendencia a creer las cosas que son evidentes.  Como hay verdades divinas no evidentes (que no se pueden entender por medio de la razón humana o por medio de nuestra inteligencia), para creerlas se necesita nuestro asentimiento o adhesión a esas verdades divinas.
 
¿Podemos tener Fe por nosotros mismos?

Jesús le dijo a San Pedro, al reconocerlo como el Mesiás: “Feliz eres, Simón, porque eso no te lo enseñó la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los Cielos” (Mt. 16, 17).  Es decir, tenemos todas las gracias divinas para poder creer aun lo no comprobable y hasta increíble... pero debemos responder a esas gracias dando nuestro asentimiento.  Eso es tener Fe.  (No podemos perder de perspectiva que la fe es un don pero también es una virtud [virtudes teologales – fe, esperanza & caridad] que adquirimos por medio del bautismo.)

En resumen, la Fe -según palabras Santo Tomás de Aquino- “es un acto del entendimiento, el cual se adhiere a la Verdad Divina, mediante una orden de la voluntad movida por la gracia de Dios”.  (Ver C I C #143, #153, #154, #155, #157, #176, #179)

¿Hay conflicto entre ciencia y Fe? ¿La Fe es contraria a la razón o a la ciencia?

La Fe no es contraria a la razón.  Creer no significa abdicar de la razón.  Tampoco la Fe puede ser contraria a la Ciencia, pues lo verdadero no puede contradecir a lo verdadero.  La verdad tiene una misma fuente que es Dios y Dios no puede contradecirse.  Las realidades no-sagradas y las realidades sagradas provienen de la misma fuente que es Dios.

San Agustín nos indica cómo debe ser la relación entre la Fe y la razón, para qué y cómo utilizar nuestra inteligencia: “Creo para comprender y comprendo para creer mejor.”  (Ver Catecismo Iglesia Católica #159 y #158)

¿Y los misterios de la Fe?

Los misterios de la Fe están por encima de la razón, no en contra de la razón... Y creer esos misterios resulta muy beneficioso para nosotros.

Los misterios de la Fe no pueden comprobarse por medio de la razón, pues al estar por encima de la razón, son incomprensibles para nuestra inteligencia.  Los misterios de la Fe desbordan nuestra limitada capacidad intelectual: es imposible que -por decirlo gráficamente- misterios infinitos quepan en nuestra inteligencia limitada.

Experiencia mística de San Agustín al tratar de explicarse el misterio de la Santísima Trinidad demuestra nuestra limitación para comprender verdades infinitas.  Cuéntase que mientras San Agustín se encontraba en la playa preparándose para dar una enseñanza sobre el misterio de la Santísima Trinidad, vio a un niño tratando de vaciar el agua del mar en un hoyito que había hecho en la arena.  Al preguntarle San Agustín qué estaba haciendo, el niño le respondió que estaba tratando de vaciar el mar en el hoyito, a lo que le contestó el Santo: “Pero, ¡estás tratando de hacer una cosa imposible!”   Y el Niño le replicó: “No más imposible de lo que es para ti entender o explicar el misterio de la Santísima Trinidad.”   Y con estas palabras el Niño desapareció.  (Ver Catecismo Iglesia Católica #157)

¿Es libre la Fe?

Los seres humanos podemos creer o no, es decir, podemos aprovechar o desaprovechar las gracias que Dios continuamente nos proporciona para tener Fe.  (Ver Catecismo Iglesia Católica #160 y #180)

¿Qué es la Apologética?

Apologética viene de “apología” = defensa o justificación.  Es la ciencia teológica que prueba la “razonabilidad” de las verdades de la fe; es decir que éstas no son contrarias a la razón.

La Apologética responde al llamado de San Pedro: “siempre estén dispuestos para dar una respuesta acertada al que les pregunte acerca de sus convicciones”  (1 Pe. 3, 15).

La Apologética no pretende comprobar con certeza matemática las verdades de la Fe. Certeza matemática es, por ejemplo, la realidad de que una parte de una torta es menor que la torta entera (dicho en términos matemáticos: “el todo es mayor que una de sus partes”.

Pero un hecho real, como la resurrección de Cristo, no tiene una evidencia tan exacta como ese axioma matemático, pero puede demostrarse, por ejemplo, históricamente o inclusive confirmarse científicamente.  La Apologética, entonces, se relaciona solamente con la inteligencia, mientras que la Fe se refiere tanto a la inteligencia como a la voluntad y a la gracia divina.

En resumen: la Apologética no puede producir la Fe, pero es una herramienta útil para explicarnos y explicar a otras algunas verdades de la Fe.


ES NECESARIA NUEVA APOLOGETICA FRENTE A PRESION DE LOS MEDIOS Y DE LAS SECTAS, DICE EL PAPA.

Vaticano, (ACI) 13-4-02.- El Papa Juan Pablo II habló de la importancia de desarrollar “una nueva Apologética”.

“En un mundo en el que la gente está continuamente sujeta a la presión cultural e ideológica de los medios de comunicación y a la actitud agresivamente anti-católica de las sectas, la Iglesia está llamada a proclamar la verdad absoluta y universal al mundo, en una época en la que en muchas culturas hay una profunda incertidumbre sobre la posibilidad de que exista esa verdad absoluta.”

“Por eso la Iglesia debe expresarse con claridad.”   Juan Pablo II subrayó que “hablar con claridad significa que es necesario explicar comprensiblemente la verdad de la Revelación y las enseñanzas de la Iglesia que derivan de ella.”

Es necesaria una nueva Apologética que tenga en cuenta que nuestra tarea no es vencer con los argumentos, sino conquistar almas, con la humildad y compasión necesarias para comprender las ansiedades y los interrogantes de las personas."
 
ORACION

Gracias, Señor, por las luces de tu sabiduría que me has comunicado en la lectura de estos temas teológicos.  Quiero estar abierto a Ti a través de la oración.  Enséñame, Señor, en la oración y enséñame a orar, para conocerte y amarte mejor, y para mejor poder comunicar tu Verdad a los demás.  Amén.

¿Podría confirmarse científicamente la Resurrección de Cristo o simplemente debemos creerla por fe?

La Resurrección de Cristo trasciende y sobrepasa a la ciencia, aunque hay objetos sagrados (reliquias) cuya autenticidad está demostrada -pues han sido bien estudiadas científicamente- que confirman el hecho más importante de la historia de la salvación, el cual es para los católicos dogma de fe: la Resurrección de Cristo.

Sin embargo, la Resurrección de Cristo es un hecho demasiado importante para quedar referido sólo como un acontecimiento histórico o como un dato comprobable con base en objetos estudiados científicamente. En la Resurrección de Cristo está el centro de nuestra fe, porque “si no resucitó Cristo, vana es nuestra predicación, vana también nuestra fe”  (1 Co. 15, 14), nos advierte San Pablo.

La Resurrección constituye primeramente la confirmación de todo lo que Cristo hizo y enseñó.  Todas las verdades -incluso las más difíciles de comprender por el ser humano- encuentran su comprobación porque Cristo, al resucitar, ha dado la prueba definitiva de su autoridad como Dios.  (cf. Catecismo Iglesia Católica #651)

Pero además de ser un hecho de Fe, (por cierto de obligada creencia por parte de todo aquél que se considere católico), la Resurrección de Cristo, no sólo es comprobable históricamente, sino que asimismo podría quedar demostrada por reliquias de las que hablaremos más adelante.  Es un hecho que las mujeres, luego Pedro y Juan, encontraron el sepulcro vacío y los lienzos en el suelo.

Es un hecho que las mujeres, luego Pedro y Juan, encontraron el sepulcro vacío y los lienzos en el suelo.  Y estos lienzos son ¡nada menos! que la Sábana Santa que cubrió todo el cuerpo de Jesús y el Sudario que cubrió su cara y que fue usado sólo para el traslado de la cruz al sepulcro.

Es por ello que San Juan, nos dice en su Evangelio que él “vio y creyó” (Jn. 20, 8), al haber encontrado el sepulcro vacío y en el suelo estos lienzos –ahora maravillosas reliquias del Resucitado.

Esto supone que, al constatar el sepulcro vacío, se dio cuenta que eso no podía ser obra humana.  Por eso creyó lo que Jesús les había anunciado.  Además, intuyó que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn. 11, 44).  Al referirnos que “vio y creyó”, quiso decirnos que comprendió en ese momento lo que significaba el anuncio que les había hecho Jesús de su Resurrección.
 
Resurrección, ¿Fe o historia?

La Resurrección de Cristo es un hecho de fe y también un acontecimiento histórico comprobable, nos dice el Catecismo de la Iglesia Católica (CIC #647).  La Resurrección de Cristo “fue un acontecimiento histórico demostrable por la señal del sepulcro vacío y por la realidad de los encuentros de los Apóstoles con Cristo resucitado.”   Sin embargo, la Resurrección también es “centro que trasciende y sobrepasa a la historia.

La Resurrección de Cristo es un hecho demasiado importante como para quedar referido sólo como un acontecimiento histórico.  En la Resurrección de Cristo está el centro de nuestra fe, porque “si no resucitó Cristo, vana es nuestra predicación, vana también nuestra fe” (1 Co. 15, 14), nos advierte San Pablo.

La Resurrección constituye ante todo la confirmación de todo lo que Cristo hizo y enseñó.  Todas las verdades, incluso las más difíciles de comprender por el ser humano, encuentran su comprobación porque Cristo, al resucitar, ha dado la prueba definitiva de su autoridad como Dios. (cf. CIC #651)

Pero además, la Resurrección de Cristo, es comprobable históricamente. Los discípulos han atestiguado que verdaderamente se encontraron y estuvieron con Cristo resucitado.  El sepulcro vacío y los lienzos en el suelo (cf. Jn. 20, 6) significan por sí mismas que el cuerpo de Cristo ha escapado de la muerte y de la corrupción del cuerpo, consecuencia de la muerte. (cf. CIC #657)

El primer elemento que se encuentra sobre la Resurrección de Cristo es el sepulcro vacío, lo cual no es realmente una prueba directa.  De hecho la ausencia del cuerpo podría explicarse de otro modo. María Magdalena creyó que “se habían llevado a su Señor” (Jn. 20, 13).  Las autoridades, al ser informados por los soldados de lo sucedido los sobornaron para que dijeran que “mientras dormían, vinieron de noche los discípulos y robaron el cuerpo de Jesús” (Mt. 28, 11-15).

Sin embargo, el hecho es que las mujeres, luego Pedro y Juan, encontraron el sepulcro vacío y los lienzos en el suelo.

Y estos lienzos son ¡nada menos! que la Sábana Santa que cubrió el cuerpo de Jesús y el Sudario que cubrió su cara en el traslado de la cruz al sepulcro.  Y San Juan nos dice en su Evangelio que él “vio y creyó” (Jn. 20, 8).  Esto supone que, al constatar el sepulcro vacío, supo que eso no podía ser obra humana y creyó lo que Jesús les había anunciado.  Además, intuyó que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn. 11, 44).

Las apariciones de Jesús Resucitado a tantos, comenzaron por las mujeres que iban a embalsamar el cuerpo de Jesús (cf. Mc. 16, 1; Lc. 24, 1) y que, por instrucciones del Resucitado fueron las mensajeras de la noticia a los Apóstoles (cf. Lc. 24, 9-10).  Esta noticia fue confirmada por la aparición de Cristo, primero a Pedro, después a los demás Apóstoles.  Y es por el testimonio de Pedro que la comunidad de seguidores de Cristo exclama: “¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!” (Lc. 24, 34).

Ante éstos y muchos otros testimonios de apariciones del Resucitado, es imposible no reconocer la Resurrección de Cristo como un hecho histórico.

Pero, además, sabemos por los hechos narrados que la fe de los discípulos fue sometida a la durísima prueba de la pasión y de la muerte en cruz de Jesús.  Fue tal la impresión de esa muerte tan vergonzosa que -por lo menos algunos de ellos- no creyeron tan pronto en la noticia de la Resurrección.

Tengamos en cuenta que los Evangelios no nos muestran a un grupo de cristianos entusiasmados porque Cristo iba a resucitar o siquiera porque había resucitado.  Muy por el contrario, nos presentan a unos discípulos abatidos, confundidos y asustados. Por eso no le creyeron a las mujeres y “las palabras de ellas les parecieron puros cuentos” (Lc. 24, 11).

Tan imposible les parece el más grande milagro de Cristo, su propia Resurrección, que incluso al verlo resucitado, todavía dudan (cf. Lc. 24, 38), creen ver un espíritu (Lc. 24, 39).  Tomás ni siquiera acepta el testimonio de los otros diez (cf. Jn. 20, 24-27).

El escepticismo era tal, que en su última aparición en Galilea, en su despedida, algunos seguían dudando, según nos dice el mismo Mateo, uno de los doce (Cf. Mt. 28, 27).   Por lo tanto, la hipótesis según la cual la Resurrección de Cristo habría sido producto de la fe o de la credulidad de los Apóstoles no tiene asidero.  Toda esta argumentación es basada en el Catecismo de la Iglesia Católica (CIC # 639 a #647 y #656 y 657).

Fuente: Buena Nueva