La vocación cristiana tiene una trascendencia social ya que Jesús nos mandó a seguir su misión de transmitir y propagar el Reino de amor y justicia. La DSI se fundamenta en el amor de Dios hacia sus hijos y este amor no los reveló Jesucristo. La DSI es la conexión entre nuestra fe y el mundo que nos rodea. Las fuentes de la DSI son la Revelación (Biblia & Tradición), la enseñanza de los Santos Padres en conjunto los teólogos y el Magisterio de la Iglesia (Papa y obispos). Su base esencial es la dignidad del ser humano con sus derechos inalienables (que no cambian) que forman el núcleo de la verdad del hombre. Los principios o fundamentos de la DSI son; dignidad, que somos cuerpo y alma (identidad del hombre), hombre ser social, libertad, bien común y compartir los bienes (caridad fraterna).
Principios que constituyen el corazón de la doctrina social católica
Dignidad
Toda persona tiene dignidad dada por Dios. La Dignidad humana hace referencia al valor fundamental de todo ser humano, independientemente de su raza, condición social o económica, edad, sexo, ideas políticas o religiosas. Es el principio que justifica y da su cimiento a todos los derechos humanos. La dignidad no solo es un derecho, es la base de todos los derechos.
Somos cuerpo y alma
El hombre ha sido creado por Dios como unidad de alma y cuerpo: « El alma espiritual e inmortal es el principio de unidad del ser humano, es aquello por lo cual éste existe como un todo —“corpore et anima unus”— en cuanto persona. Estas definiciones no indican solamente que el cuerpo, para el cual ha sido prometida la resurrección, participará de la gloria; recuerdan igualmente el vínculo de la razón y de la libre voluntad con todas las facultades corpóreas y sensibles. La persona —incluido el cuerpo— está confiada enteramente a sí misma, y es en la unidad de alma y cuerpo donde ella es el sujeto de sus propios actos morales » (Compendio DSI # 127).
No se puede perder de vista la unidad entre cuerpo y alma. Por lo tanto, no se deben despreciar ni el cuerpo ni el alma (Compendio DSI # 125).
El hombre es un ser social
El hombre y la mujer fueron creados juntos, demostrando así que la persona humana no es una criatura solitaria, sino que tiene una naturaleza social (Génesis). El pecado ha afectado la naturaleza humana y está «en la raíz de las divisiones personales y sociales» (Compendio DSI # 116). El pecado nos separa de Dios y también de las demás personas y del mundo. Pero Dios no nos abandono a la condición de pecado sino que todos pueden encontrar salvación en Jesucristo y por medio de El compartir la naturaleza de Dios. El ser humano no es ni absolutamente autónomo ni tampoco una mera célula dentro de un organismo mayor. La naturaleza social de todos los seres humanos significa que crecemos y realizamos nuestra vocación en relación con los demás (Compendio DSI #149).
Sociedad justa
“Si quieres paz, lucha por la justicia” Pablo VI. Sólo puede haber una sociedad justa «cuando se basa en el respeto a la dignidad trascendente de la persona humana» (Compendio DSI# 132). Los derechos humanos se basan en la dignidad de la persona (Compendio DSI#152-55).
Libertad
Las autoridades deberían ser cuidadosas con las restricciones que ponen a la libertad (Compendio DSI # 133) Nuestra dignidad humana demanda que actuemos «de acuerdo a una elección consciente y libre» (Compendio DSI # 135). Esta libertad no es, sin embargo, ilimitada, dado que únicamente Dios puede determinar lo que es bueno o malo. Además, la libertad debería ejercitarse por una conciencia guiada por la ley moral natural (Compendio DSI #136-43).
El bien común.
El bien común se encuentra el desarrollo de las condiciones que permiten que las personas logren su plenitud más total y fácilmente (Cf. Compendio DSI #164). Entre estas: La paz, un sistema jurídico justo y los servicios esenciales. El estado tiene la responsabilidad de salvaguardar el bien común pero los individuos también son responsables de ayudar a que se desarrolle, según las posibilidades de cada uno. El estado también se encarga de reconciliar los bienes particulares de los grupos e individuos con el bien común general. Ésta es una delicada tarea y en un sistema democrático las autoridades deben ser cuidadosas a la hora de interpretar el bien común no sólo según los deseos de la mayoría, sino también respetando el bien de las minorías.
Compartir los bienes
El principio del destino universal de los bienes (Compendio DSI # 171-84): Dios ha destinado la tierra y sus bienes en beneficio de todos. Esto significa que cada persona debería tener acceso al nivel de bienestar necesario para su pleno desarrollo. Este principio tiene que ser puesto en práctica según los diferentes contextos sociales y culturales y no significa que todo está a disposición de todos. El derecho de uso de los bienes de la tierra es necesario que se ejercite de una forma equitativa y ordenada, según un específico orden jurídico. Este principio tampoco excluye el derecho a la propiedad privada. No obstante, es importante no perder de vista el hecho de que la propiedad sólo es un medio, no un fin en sí misma.
Es importante recordar que: «El principio del destino universal de los bienes es una invitación a desarrollar una visión económica inspirada por valores morales que permitan a las personas no perder de vista el origen o propósito de estos bienes, de manera que se logre un mundo de justicia y solidaridad, en el que la creación de riqueza pueda tener una función positiva» (Compendio DSI #174). El principio de la opción preferencial por los pobres, que se ha de ejercitar por medio de la caridad cristiana e inspirarse en la pobreza de Jesús y su atención al pobre.