Catequesis de Adultos

“Evangelización Cibernética con la Fuerza del Espíritu Santo”

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Sacramentos de la Eucaristía

Comunión: Sacramento por el cual recibimos el cuerpo, la sangre, alma y divinidad de Jesucristo.

- Materia: pan de trigo ácimo (sin levadura) y el vino de uva.

- Forma: La palabras que uso Cristo el Jueves Santo para entregar su cuerpo y su sangre a la Iglesia (apóstoles) tal como se ha conservado en el Canon de la Misa. Mateo 26, 26

- Ministro: Obispo o el Presbítero (sacerdote)

- Sujeto: Toda persona bautizada y en estado de gracia.

La Eucaristía como sacramento

Bajo las especies de pan y vino, Jesucristo se halla verdadera, real y substancialmente presente, con su cuerpo, su sangre, su alma y su divinidad.

Sentido de la Eucaristía como Sacramento:

Naturaleza

La eucaristía es el sacramento en el cual bajo las especies de pan y vino, Jesucristo se halla verdadera, real y substancialmente presente, con su cuerpo, su sangre, su alma y su divinidad.

Se le llama el “sacramento por excelencia”, porque en él se encuentra Cristo presente, quien es fuente de todas las gracias. Además, todos los demás sacramentos tienden o tienen como fin la Eucaristía, ayudando al alma para recibirlo mejor y en la mayoría de las veces, tienen lugar dentro de la Eucaristía.

A este sacramento se le denomina de muchas maneras dada su riqueza infinita. La palabra Eucaristía quiere decir acción de gracias, es uno de los nombres más antiguos y correcto porque en esta celebración damos gracias al Padre, por medio de su Hijo, Jesucristo, en el Espíritu y recuerda las bendiciones judías que hacen referencia a la creación, la redención y la santificación. (Cfr. Lc. 22, 19)

@ Es el Banquete del Señor porque es la Cena que Cristo celebró con sus apóstoles justo antes de comenzar la pasión. (Cfr. 1 Col 11, 20).

@  Fracción del pan porque este rito fue el que utilizó Jesús cuando bendecía y distribuía el pan, sobre todo en la Última Cena. Los discípulos de Emaús lo reconocieron – después de la resurrección – por este gesto y los primeros cristianos llamaron de esta manera a sus asambleas eucarísticas. (Cfr. Mt. 26, 25; Lc. 24, 13-35; Hch. 2, 42-46). 

@  También, se le dice asamblea eucarística porque se celebra en la asamblea –reunión - de los fieles. 

@  Santo sacrificio, porque se actualiza el sacrificio de Cristo. Es memorial de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. 

@  Comunión, porque es la unión íntima con Cristo que nos hace partícipes de su Cuerpo y de su Sangre.

@  Didaché (o Doctrina de los Apóstoles), es el sentido primero de la “comunión de los santos” que se menciona en el símbolo de los Apóstoles.

@  Misa, posee un sentido de misión, llevar a los demás lo que se ha recibido de Dios en el sacramento.  Usada desde el siglo VI, tomada de las últimas palabras “ite missa est".

Institución

En el Antiguo Testamento encontramos varias prefiguraciones de este sacramento, como son: 

@  El maná, con que se alimentó el pueblo de Israel durante su peregrinar por el desierto. (Cfr. Ex. 16,).

@ El sacrificio de Melquisedec, sacerdote que en acción de gracias por la victoria de Abraham, ofrece pan y vino. (Cfr. Gen. 14, 18).

@ El mismo sacrificio de Abraham, que está dispuesto a ofrecer la vida de su hijo Isaac. (Cfr. Gen. 22, 10).

@ Así como, el sacrificio del cordero pascual, que libró de la muerte al pueblo de Israel, en Egipto. (Cfr. Ex. 12).

Igualmente, la Eucaristía fue mencionada - a manera de profecías – en el Antiguo Testamento por Salomón en el libro de los Proverbios, donde le ordena a los criados a ir para comer y beber el vino que les había preparado. (Cfr. Prov. 9,1). El profeta Zacarías habla del trigo de los elegidos y del vino que purifica.

El mismo Cristo – después de la multiplicación de los panes – profetiza su presencia real, corporal y sustancial, en Cafarnaúm, cuando dice: “Yo soy el pan de vida…… Si uno come de este pan vivirá para siempre, pues el pan que yo daré es mi carne, para la vida del mundo”. (Jn. 6, 32-34; 51)

Cristo, sabiendo que había llegado su “hora”, después de lavar los pies a sus apóstoles y de darles el mandamiento del amor, instituye este sacramento el Jueves Santo, en la Última Cena (Mt. 26, 26 -28; Mc. 14, 22 -25; Lc. 22, 19 - 20). Todo esto con el fin de quedarse entre los hombres, de nunca separarse de los suyos y hacerlos partícipes de su Pasión. El sacramento de la Eucaristía surge del infinito amor de Jesucristo por el hombre.

El Concilio de Trento declaró como verdad de fe, que la Eucaristía es verdadero y propio sacramento porque en él están presente los elementos esenciales de los sacramentos: el signo externo; materia (pan y vino) y forma; confiere la gracia; y fue instituido por Cristo.

Cristo deja el mandato de celebrar el Sacramento de la Eucaristía e insiste, como se puede constatar en el Evangelio, en la necesidad de recibirlo. Dice que hay que comer y beber su sangre para poder salvarnos. (Jn. 6, 54).

La Iglesia siempre ha sido fiel a la orden de Nuestro Señor. Los primeros cristianos se reunían en las sinagogas, donde leían unas Lecturas del Antiguo Testamento y luego se daba lugar a lo que llamaban “fracción del pan”, cuando fueron expulsados de las sinagogas, seguían reuniéndose en algún lugar una vez a la semana para distribuir el pan, cumpliendo así el mandato que Cristo les dejó a los Apóstoles.

Poco a poco se le fueron añadiendo nuevas lecturas, oraciones, etc. hasta que en 1570 San Pío V determinó como debería ser el rito de la Misa, mismo que se mantuvo hasta el Concilio Vaticano II.

Cristo vivo presente en la Eucaristía

Por este sacramento, se produce una conversión de toda la substancia del pan en el Cuerpo de Cristo, y de toda la substancia del vino en la Sangre.

Presencia Real de Jesucristo

Para entender bien el sentido de la celebración eucarística es necesario tener en cuenta la presencia de Cristo y Su acción en la misma.

Al pronunciar el sacerdote las palabras de la consagración, su fuerza es tal, que Cristo se hace presente tal cual, bajo las substancias del pan y del vino. Es decir, vivo, real y substancialmente. En Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, por lo tanto, donde está su Cuerpo, está su Sangre, su Alma y su Divinidad. Él está presente en todas las hostias consagradas del mundo y aún en la partícula más pequeña que podamos encontrar. Así, Cristo se encuentra en todas las hostias guardadas en el Sagrarios, mientras que el pan, signo sensible, no se corrompa.

Está presencia real de Cristo, es uno de los dogmas más importantes de nuestra fe. (Cfr. CIC # 1373 –1381). Como los dogmas, la razón no los puede entender, es necesario reflexionar y estudiar para, cuando menos, entenderlo mejor.

Han existido muchas herejías sobre esta presencia real de Cristo, bajo las especies de pan y vino. Entre ellas encontramos: los gnósticos, los maniqueos que decían que Cristo sólo tuvo un cuerpo aparente, por lo tanto, no había presencia real.

Entre los protestantes, algunos la niegan y otros la aceptan, pero con errores. Unos niegan la presencia real, otros dicen que la Eucaristía, solamente, es una“figura” de Cristo. Calvino decía que “Cristo está en la Eucaristía porque actúa por medio de ella, pero que su presencia no es substancial”. Los protestantes liberales, mencionan que Cristo está presente por la fe, son los creyentes quienes ponen a Cristo en la Eucaristía.

Lutero, equivocadamente, lo explicaba así: “En la Eucaristía están al mismo tiempo el pan y el vino y el cuerpo y la sangre de Cristo".

Pero, la presencia real y substancial de Cristo en la Eucaristía, fue revelada por Él mismo en Cafarnaúm. No hay otro dogma más manifestado y explicado claramente que este en la Biblia. Sabemos que lo que prometió en Cafarnaúm, lo realizó en la Última Cena, el Jueves Santo, basta con leer los relatos de los evangelistas. (Cfr. Mt. 22, 19-20; Lc. 22, 19 –20; Mc. 14, 22-24).

El mandato de Cristo de: “Hacer esto en memoria mía” fue tan contundente, que desde los inicios, los primeros cristianos se reunían para celebrar “la fracción del pan”. Y, pasó a hacer parte, junto con el Bautismo, del rito propio de los cristianos. Ellos nunca dudaron de la presencia real de Cristo en el pan.

La Transubstanciación

Hemos dicho que la presencia de Cristo es real y substancial, esto nos ha sido revelado, por lo que, no es evidente a la razón, como dogma que es, resulta incomprensible. Sin embargo, trataremos de dar una explicación de lo que sucede.

La Iglesia nos dice que “por el sacramento de la Eucaristía se produce una singular y maravillosa conversión de toda la substancia del pan en el Cuerpo de Cristo, y de toda la substancia del vino en la Sangre; conversión que la Iglesia llama transubstanciación” (Cfr. CIC # 1376).

El dogma de la Transubstanciación significa el cambio que sucede al pronunciar las palabras de la Consagración en la Misa, por las cuales el pan y el vino se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, quedando sólo la apariencia de pan y vino. Hay cambio de substancia, pero no de accidentes (pan y vino), la presencia real de Cristo no la podemos ver, sólo vemos los accidentes. Esto es posible, únicamente, por una intervención especialísima de Dios.

Características de la Eucaristía

Debe ser profunda, vital, con una confianza ilimitada y tener hambre y sed de comulgar.

Características de la participación en la Eucaristía

Cuando vamos a participar en la Eucaristía debemos prepararnos adecuadamente para poder participar con las debidas características y disposiciones. Estas deben ser:

@  Externas: para el sacerdote consistirán en el perfecto cumplimiento de las rúbricas y ceremonias que la Iglesia señala. Para los fieles respeto, modestia y atención para participar activamente.

@  Internas: Identificarse con Cristo. Ofrecerle al Padre y ofrecerse a sí mismo en Él, con Él y por Él.

@  Profunda: entrega total.

@  Vital - Existencial: no de palabras solamente, sino de todos y cada uno de mis actos de mi vida.

@  Confianza ilimitada: tener confianza en la Bondad y Misericordia de Dios.

@  Hambre y sed de comulgar: Esta es la que más afecta a la eficacia santificadora de la gracia, ensancha nuestra capacidad del alma y la dispone a recibir la gracia sacramental en proporciones enormes. La cantidad de agua que se coge de la fuente depende del tamaño de la vasija.

Para recibir a Jesús

¡Cuántas veces nos acercamos a comulgar, sin siquiera habernos preparado!, o lo que es peor ¡sin poner atención!

La Misa, la oración suprema del cristiano

Es la oración más importante, es Cristo quien nos espera.

¿Qué es, por tanto, la Eucaristía? El amor de Cristo hasta el extremo, para ti, para mí, durante toda la vida. Porque la Eucaristía significa poner a tu disposición toda la omnipotencia, toda la bondad, todo el amor y la misericordia de Dios, todos los días, todas las horas, de tu vida. Y así, en cada Sagrario del mundo, en cada Misa, se está, por así decir, creando un incendio, una hoguera de amor; pero, ¿quién se calienta?, ¿quién se quema?, el que se acerca.

Él dijo: ‘Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo.’  La Eucaristía es ese lugar, es esa manera misteriosa pero real, con la que Cristo se queda a lo largo de toda nuestra vida, con cada uno de nosotros.

Y el decir: ‘con ustedes’, es decir contigo. Les pongo un ejemplo que nos puede ayudar en este caso: Si un día de sol, tú eres la única persona que sales a tomar ese sol, puedes decir: ‘Todo el sol fue para mí esta mañana’. Si salen dos personas, no se reparten el sol, sino que las dos pueden decir: ‘Todos sus rayos, toda su luz, la disfruté yo solo’. Pero, si sale un millón de personas al sol, o dos millones, nuevamente no se reparte el sol, sino que cada uno dice: ‘Todo el sol fue para mí’, y es cierto; el hecho de que esté solo, o haya millones, no disminuye el sol. La Eucaristía es como el sol: aunque participen en Ella millones, ese sol, esa Eucaristía, ese amor de Dios, es para mí solo; en realidad, si yo fuera la única persona que comulgo, que voy a Misa, no recibiría más de lo que recibo yendo con otros.

Ahí está, pues, Cristo, medicina de mis males, el gran amigo, en todos los Sagrarios, en todas las Misas. Si yo me reconozco enfermo, necesitado de redención, no hace falta recordarme que tengo que ir, de la misma manera que cuando a uno le duele una muela, piensa en el dentista; cuando a uno le duele otra parte del cuerpo, enseguida: hospital, medicinas, tengo que curarme porque estoy enfermo.

¡Qué lástima que no sintamos eso mismo hacia la Eucaristía, que es el remedio de todos nuestros males espirituales! Ahí está, a todas horas, para ti, el único Bien verdadero, subrayándolo, el único Bien perdurable, que dura toda la vida; el único Amigo sincero, el único Amigo fiel que nos tiende la mano, y que nos ama en la juventud, en la edad adulta, en la ancianidad, en la tumba, y en la eternidad.