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¿Qué es el Año Paulino?

Un programa de acontecimientos extraordinarios en el ámbito del ecumenismo, liturgia, oración, arte, historia, arqueología, pastoral y peregrinaciones

 

 


 
 
La convocatoria

El Papa Benedicto XVI convocó, durante la celebración litúrgica de la fiesta de San Pedro y San Pablo (29 de junio), un año jubilar dedicado al apóstol san Pablo, para recordar los dos mil años del nacimiento del apóstol de las gentes.

La Basílica de san Pablo Extramuros, en Roma, fue testigo de la proclamación de tan importante acontecimiento. Esto sucedió durante las primeras vísperas de la solemnidad de los santos patronos de la ciudad eterna.

«Este “año paulino” deberá celebrarse de manera privilegiada en Roma, donde desde hace veinte siglos se conserva bajo el altar papal de esta basílica el sarcófago, que por parecer común de los expertos y según una tradición incontestable conserva los restos del apóstol Pablo» .

El Santo Padre considera que en la basílica y su contigua abadía benedictina, del mismo nombre, podrán tener lugar una serie de celebraciones litúrgicas, culturales, y ecuménicas, así como diferentes iniciativas pastorales y sociales, inspiradas en la espiritualidad del Apóstol.

Por otro lado, se considera el poder dedicar una especial atención a las peregrinaciones que desde diferentes partes quieran venir de manera penitencial ante la tumba del apóstol para encontrar paz y crecimiento espiritual.

Asimismo, se organizarán congresos de estudio y publicaciones especiales sobre los textos de Pablo para dar a conocer cada vez mejor la inmensa riqueza de la enseñanza encerrada en ellos, verdadero patrimonio de la humanidad redimida por Cristo.

Según el deseo del Santo Padre, este año debe tener una importante «dimensión ecuménica». El apóstol de las gentes, profundamente comprometido a llevar la Buena Noticia a todos los pueblos, se entregó totalmente por la unidad y la concordia de todos los cristianos ». «Que él nos guíe y proteja en esta celebración de los dos mil años, ayudándonos a avanzar en la búsqueda humilde y sincera en la plena unidad de todos los miembros del Cuerpo místico de Cristo», afirmó el Papa.


Las razones

En los primeros años de este nuevo milenio, contrario a nuestras esperanzas, el hombre parece hundirse, sin remedio, en un mundo donde el mal hace cada vez más ruido y daño, en un mundo donde el bien parece desaparecer y el mal multiplicarse por mil (guerras, injusticia, narcotráfico, inseguridad, desintegración familiar, etc.).

Basta escuchar todos los días las noticias en los diferentes medios de comunicación para constatar que, después de siglos y siglos de historia, parece que estamos condenados irremediablemente a repetir los mismos errores, enzarzarnos en las mismas viejas peleas, dejarnos guiar por los más bajos instintos. Una importante parte de la humanidad vive encerrada en su egoísmo, ignorando que la inmensa mayoría de la población mundial carece de los más elementales recursos para sobrevivir. El caminar de estos dos milenios parece dar la razón al pesimismo.

En este mundo y en este tiempo, el Papa con mayor insistencia nos invita a tener signos auténticos que nos den esperanza . Signos que nos muestren el rostro de Dios amoroso. Signos que nos inviten a seguir a su Hijo impulsados por el Espíritu.

Estos signos nos plantean, en medio del mundo actual, grandes desafíos. Desafíos que, Por una parte provienen del laicismo dominante en nuestra sociedad; pero también se trata del desafío que tenemos los bautizados de ser, a pesar de las condiciones adversas, mejores cristianos.

Ceder en nuestras convicciones, por las presiones de una parte influyente (aunque no siempre mayoritaria) de la sociedad, significaría la retirada; ignorarlo sería aún peor.

Creo que, desde esta perspectiva, es de donde nace la iniciativa del Papa de dedicar este año al redescubrimiento de la persona del apóstol de las gentes. Un creyente auténtico, que fue capaz de manifestar al hombre (pagano) de su tiempo la profundidad y autenticidad del mensaje evangélico. La iniciativa no nace solamente, según mi parecer, de un simple querer conmemorar un aniversario mas del nacimiento de san Pablo, ni de una simple lectura optimista de la historia, sino de la confianza en Dios, que nunca defrauda y que se vale de estos signos para renovar la faz de la tierra . Para los católicos debe ser redescubrir a Pablo en su incansable apostolado, revivir los primeros tiempos de la Iglesia, profundizar en la enseñanza paulina a todos --«especialmente a los "gentiles"»--, revitalizar la fe y el papel de cada uno en la Iglesia.

La Iglesia observa, cada vez más, que en medio de estas realidades tan Obviamente adversas a la religión miles de personas están repitiendo a su modo el maravilloso y sorprendente camino de Damasco. Pablo es, en efecto, la encrucijada de muchos caminos que no son extraños a la realidad del hombre de nuestro tiempo. Dos razones podrían aducirse: en primer lugar, es la piedra angular entre cristianismo y judaísmo; y, segundo, es una figura que sirve de punto de confluencia de lo religioso y lo filosófico. Conceptos fundamentales de nuestra tradición, y que hoy están siendo repensados, como universalidad, singularidad, Ley o espíritu y que, a pesar de todo, siguen conformando el espacio político, económico, social y cultural de nuestro siglo y sus tensiones.

En este sentido quisiera mencionar el diagnóstico realizado por Giorgio Agamben en un libro aún no traducido al castellano «Il tempo che resta», donde el filósofo italiano realiza una deslumbrante lectura de la «Epístola a los romanos» relacionando a Pablo con la posibilidad una nueva organización social orientada a escapar de la trampa del biopoder y de la conversión del ser humano en «homo sacer ». Algunos proyectos de sociedad nueva (como este) se apoyan, en mayor o menor medida, en el pensamiento de Pablo y giran fundamentalmente en torno al deseo de trocar la Ley por una nueva ética del Amor.

El Papa, posiblemente, ha tomado en cuenta este regreso, en algunos ambientes intelectuales importantes, a los valores e ideales religiosos.

Contrario a lo que vaticinaban Nietzsche y Freud , el hombre actual está redescubriendo el valor de lo espiritual y la necesidad de la trascendencia. Vemos con asombro como en este mundo tan materializado existe un renovado interés por lo sagrado.

Contrario a los presupuestos de la posmodernidad, la temática espiritual, antaño desacreditada, vilipendiada, indiferente... ha vuelto, insospechadamente, a ser de nuevo interesante.

No es de sorprender, en consecuencia, que en este momento de crisis profunda, su Santidad proponga desde la figura de Pablo de Tarso, un re-pensamiento de todos aquellos planteamientos, injusta e ilógicamente tachados de «irracionales», como los valores. Y que fueron condenados demasiado apresuradamente por los opositores de la Iglesia.


Acontecimientos e iniciativas para el año de San Pablo

El Año de San Pablo comenzará en Roma el 28 de junio de 2008 y concluirá el 29 de junio de 2009. Será como un pequeño Jubileo para recordar y celebrar el bimilenario del apóstol de las gentes.

Con este motivo, la Iglesia católica está promoviendo un programa de acontecimientos extraordinarios en el ámbito del ecumenismo, liturgia, oración, arte, historia, arqueología, pastoral y peregrinaciones.


Benedicto XVI, primer peregrino del Año Paulino. Las peregrinaciones serán una constante del Año Paulino, empezando por el propio Papa, que será «el primer peregrino el 28 de junio de 2008 para abrir» este tiempo dedicado al Apóstol, «acompañado de representaciones de Iglesias y comunidades cristianas».

La Puerta Santa [tapiada] de San Pablo Extramuros no se abrirá -dado que el evento no implica también a las demás basílicas y sus respectivas Puertas--; sí abrirá el Papa en cambio una «Puerta Paulina» --simétrica a la Puerta Santa--, iniciando así solemnemente las peregrinaciones.


Empezará a arder la «Llama Paulina». Además empezará a arder la «Llama Paulina», alimentada por los propios peregrinos todo el Año, si bien, se está estudiando la forma más conveniente de hacerlo.

Visitas a los lugares paulinos. Se programan visitas a los lugares paulinos, de Roma -donde se identifican doce-- o del mundo, por ejemplo Tierra Santa, Turquía o Malta. «Obra Romana de Peregrinaciones» se encargará de la organización de las rutas que necesiten reservas, transportes y alojamiento.

Un año pastoral, religioso, cultural. Celebraciones ordinarias y extraordinarias, encuentros de oración y el sacramento de la penitencia recorren el aspecto pastoral del Año Paulino en San Pablo Extramuros. De las cinco misas diarias, una será de peregrinos: a las 10.30 horas.

Semanalmente el rezo de Vísperas. Se prevé trasladar ese momento de oración al ábside de la Basílica e introducir una reflexión de cinco minutos tras una lectura breve sobre San Pablo. Hay disponibilidad en caso de que los grupos de peregrinos deseen proponer alguna forma específica para el rezo de Vísperas.

Por su parte, el programa religioso-cultural, aparte de la catequesis sobre textos de San Pablo, prevé conferencias, meditaciones, reflexiones teológicas y congresos. Al menos cinco veces en el año se celebrará un encuentro en tres partes: la primera, la reflexión de un experto paulino; la segunda, la lectura de escritos paulinos por parte de un actor conocido; la tercera, el testimonio también de un personaje célebre.

Otras citas son las que se celebran cada bienio desde los años ´70: se reúnen expertos biblistas de todas las confesiones cristianas en el llamado «Colloquium Paulinum», en septiembre. Se lee un pasaje paulino en torno a la tumba de San Pablo y luego tiene lugar una conferencia. Así será también en 2008.

Los eventos musicales también caracterizarán el año dedicado al Apóstol de las Gentes, como es el caso de la representación sacra musical titulada «El Hijo de Dios»; en ella, tiene un papel particular Saulo, quien descubre, como fariseo, a Israel como el hijo de Dios ya en el Antiguo Testamento, hasta encontrar al Hijo de Dios tras su conversión.

Todos los interesados podrán vivir el Año Paulino además desde el punto de vista cultural, artístico y editorial -explicó el arcipreste de San Pablo Extramuros- con exposiciones, visitas guiadas a la Basílica y emisiones filatélicas. Se acuñará una medalla del bimilenario; por su parte la Ciudad del Vaticano también emitirá, en conmemoración del Año Paulino, un sello y acuñará una moneda de dos euros.

Para promover el conocimiento de san Pablo, se está contactando a algunas casas editoriales para la publicación de algunos libros dedicados a los niños y una nueva edición de las Cartas del Apóstol de las Gentes y de los Hechos de los Apóstoles.

Los monjes benedictinos prepararán la «Lectio Divina» sobre los 87 capítulos de las Cartas de san Pablo.

Asimismo han concluido múltiples trabajos de restauración en San Pablo Extramuros, donde las recientes excavaciones permiten a los visitantes contemplar un lado del gran sarcófago de mármol que desde hace veinte siglos se conserva bajo el altar papal y que contiene los restos del Apóstol de las Gentes.

El Año Paulino puede dar ocasión igualmente para el diálogo con el pueblo judío. Se hizo la invitación al rabino jefe de Roma para la apertura. Pero no será posible porque es sábado. En cualquier caso, no se excluye su presencia en otros momentos, siempre que no sea propiamente dentro de la Basílica, pues este aspecto es ajeno a su tradición.

Se está pensando en un encuentro de carácter cultural probablemente en la Universidad Gregoriana entre grupos de católicos y de judíos para hablar de "Saulo-Pablo", antes y después de su conversión.


Autor: Luis Alberto Navarro Franco | Fuente: Arquidiócesis de León

 Año Paulino

 

INFORMACIÓN GENERAL

 

Papa Benedicto XVI en la Basílica de San Pablo


"Si habéis resucitado con Cristo."  Himno del Año Paulino


Sitio Web Oficial del Año Paulino 2008-2009


Sitio Web Oficial de la Basílica Papal San Pablo Extramuros


Horarios de la Basílica


Indulgencia con ocasión de los dos mil años del
nacimiento del apóstol san Pablo



AÑO PAULINO


¿Estás listo para el Año Paulino?


¿Qué es el Año Paulino?


¿Por qué dedicarle un año a San Pablo?


Catequesis del Papa Benedicto XVI: Pablo de Tarso I

 

 

Catequesis del Papa Benedicto XVI: Pablo de Tarso II

 

 

Catequesis del Papa Benedicto XVI: Pablo de Tarso III

 

 

Catequesis del Papa Benedicto XVI: Pablo de Tarso IV


Aquel Pablo de Tarso. Reflexiones para el Año Paulino


San Pablo, modelo de discípulo y misionero de Jesucristo


SAN PABLO


San Pablo, apóstol de los gentiles


La Vocación de San Pablo


Las cartas de San Pablo


La conversión de San Pablo


Los viajes apostólicos de San Pablo


El inicio del ministerio


El Concilio


Hacia Grecia


Comienzos de la Iglesia


En Jerusalén


El viaje del cautiverio


El martirio en Roma


EVENTOS


Celebraciones litúrgicas en la Basílica


Eventos de apertura del Año Paulino en España


Iniciativas paulinas de Czestochowa


Acontecimientos para el año de San Pablo en la Arquidiócesis de León


Año Paulino Universal en la diócesis de Zárate-Campana, Argentina


La cadena de san Pablo expuesta cerca de su tumba


Doce encuentros con toda la Iglesia siguiendo a san Pablo


ECUMENISMO Y DIÁLOGO


San Pablo y el diálogo interreligioso


El ecumenismo y San Pablo


SAN PABLO EN EL MUNDO


Roma: La basílica de San Pablo Extramuros


Fiesta litúrgica: Dedicación de las Basílicas de S. Pedro y S. Pablo


Cien años de la arquidiócesis de San Pablo en Brasil


España: La fogata de san Pedro y san Pablo


Una estatua de bronce de San Pablo en Singapur


 

 

 

 

 

 

 

 ¿Por qué dedicarle un año a San Pablo?

Todo un año dedicado a San Pablo, como para animarnos a conocer al notable apóstol

 

Fue el primer escritor cristiano y aquel cuyos textos han sido leídos o escuchados por más millones de personas en todo el mundo a lo largo de los siglos, aunque curiosamente una parte importante de quienes han aprovechado sus enseñanzas desconocen que son suyas o no sabe quién es él. Le llaman ´apóstol´ (incluso ´súper-apóstol´) pero nunca perteneció al grupo de los Doce y no solo eso: hubo un tiempo en que fue perseguidor de cristianos. Probablemente no ganaría un concurso de popularidad entre los feligreses, que no suelen encomendarse a él, como lo hacen con otros santos como San José, San Judas Tadeo o San Antonio. Difícilmente encuentras una estampita con su imagen, y las que hay no lo representan con un rostro amable o sosteniendo al Niño Jesús, sino como un personaje adusto, bajito, calvo, de largas barbas, con una Biblia en una mano y una espadota en la otra. No suena muy atractivo, y sin embargo, el Papa Benedicto XVI ha decidido dedicar todo un año a celebrar la existencia de este hombre en un principio llamado Saulo de Tarso y hoy conocido como San Pablo. ¿Cuál es la razón de esta decisión? ¿Quién fue San Pablo y qué justifica que hoy lo recordemos?

Lo primero que sabemos de él es que fue contemporáneo de la primera comunidad cristiana; era judío y pertenecía a la secta de los fariseos, quienes se caracterizaban por creer que podían obtener la salvación si cumplían hasta la exageración la ley, es decir, los mandamientos y mandatos que Dios, a través de Moisés, dio al pueblo judío. Cabe hacer notar que, a diferencia de muchos fariseos hipócritas que sólo aparentaban cumplir, o que se habían ido al extremo de hacer de la ley un ídolo al que ponían por encima de todo, él realmente buscaba servir a Dios de corazón; lo malo es que dedicó todo su esfuerzo a perseguir a los cristianos, a los que consideraba enemigos de Dios pues seguían a Jesús, a quien los dirigentes de su pueblo habían rechazado y condenado a muerte. ¿Qué vio el Señor en este hombre que no tenía empacho en meter a la cárcel a mujeres y ancianos, que cometió muchos atropellos, uno de los cuales fue aprobar la muerte de San Esteban, el primer mártir cristiano?(ver Hch 7, 58-8,1). Vio sin duda que estaba equivocado, pero vio también que su error era de buena fe, que provenía de un corazón puro, sin doblez, cuya sola intención era la de servirlo. Así pues, quiso aprovechar todo ese fuego, reorientarlo, darle un sentido verdadero. Y un día tuvo lugar un encuentro que cambiaría la historia. Tres veces nos lo relata el libro de Hechos, como para que captemos su importancia (ver Hch 9, 1-9; 22,5-16; 26, 10-18):

Sucede que un día, cuando él se dirige a Damasco a continuar su ´cacería´ de cristianos, el Señor se le aparece en el camino y lo cuestiona: ´Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?´, a lo que éste pregunta: ´¿Quién eres, Señor?´ (De alguien que está tan seguro de conocer la voluntad de Dios, resulta significativo que no reconozca Su voz cuando Él le habla...). Recibe esta respuesta: ´Soy Jesús, a quien tú persigues´. La intensa luz que acompaña esta revelación lo hace perder la vista (a él, que hasta entonces había creído tenerlo todo muuuy claro); las palabras que escucha inician en él una verdadera revolución espiritual que lo lleva a cuestionar todo lo que hasta ahora había tenido por cierto, que lo hace replantearse todo lo que hasta ahora había creído conocer respecto a Dios, que pone de cabeza sus ideas y lo hace comprender que ha estado esforzándose inútilmente por avanzar pues ha ido en la dirección equivocada. Permanece tres días y tres noches sin comer ni beber, completamente ciego para el mundo pero comenzando a verlo todo claramente por primera vez. Permanece encerrado y sin hacer aparentemente nada, pero son tres días increíblemente fructíferos, no sólo para él sino para toda la cristiandad, porque en ellos se gesta lo que a partir de ese momento se dedicará a predicar incansablemente, recorriendo por mar y tierra las regiones más difíciles o distantes (fue el primero en llevar la Buena Nueva a Europa), dando su valeroso testimonio de obra y de palabra, lo mismo a gente que lo escucha con atención que a gente que se le opone y no para hasta condenarlo a muerte. Y ¿cuál es ese mensaje que para él vale a tal grado la pena que no le importa padecer burlas, persecuciones, hambre y sed, frío, cansancio, latigazos, naufragios, encierros y al final el martirio? Lo descubrimos entre sus discursos (registrados puntualmente por San Lucas, quien lo acompaña en varios de sus viajes) y, desde luego, entre las numerosas cartas que escribe a las diversas comunidades cristianas que fue fundando y con las que se mantenía en contacto, y que hoy constituyen un precioso legado que forma parte importante de los extraordinarios textos que se proclaman en Misa. Es el anuncio de que Dios nos ama con un amor gratuito que no depende de nuestros méritos y del cual nada puede apartarnos; que la prueba de Su amor es que siendo pecadores envió a Su Hijo no sólo a compartir nuestra condición humana sino a morir para redimirnos; que resucitó para darnos vida, y que nos envió al Espíritu Santo para colmar nuestros corazones de Su amor, don que nos fortalece, capacita y lanza a vivir como testigos Suyos. Que todo lo que tenemos lo hemos recibido de Dios; que nos ha colmado con Su misericordia, Su perdón, Su paz, dones inmerecidos que estamos llamados no sólo a disfrutar sino a compartir siempre y con todos.

¡No alcanza el reducido espacio para mencionar los incontables y enriquecedores temas que el apóstol toca en sus escritos! Ahora se comprende por qué el Papa quiere ofrecernos ese otro espacio no tan reducido: o todo un año dedicado a San Pablo, como para animarnos a conocer al notable apóstol (a través de lo que nos cuenta San Lucas en el librde Hechos de los Apóstoles, y de lo que de él mismo aprendemos a través de sus cartas), a volvernos sus amigos y a habituarnos a pedirle que ore por nosotros para que, como él, sepamos dejarnos llevar de la mano, dócilmente, al encuentro con Jesús.

¡Preparémonos en nuestra parroquia para vivir desde ahora el “Año Paulino” en el 2008!

No olvidemos que…

San Pablo escribió el primer escrito del Nuevo Testamento: la Carta a los Tesalonicenses, probablemente por el año 50. Fue él quien inauguró, por así decirlo, lo de enviar cartas a las comunidades que, al inicio del cristianismo era todo lo que éstas tenían (todavía no habían sido escritos los Evangelios). Que los hermanos las fueron copiando y distribuyendo y que fue así como llegaron a ser parte importantísima de lo que las comunidades cristianas leían para su formación y el sostén de su vida de fe.

Autor: Alejandra María Sosa Elízaga | Fuente: Desde la Fe